Namaste: cómo creamos nuestra propia etiqueta para velas (y cómo puedes hacer la tuya)

Queríamos crear algo pausado, un poco imperfecto y que se notara hecho a mano. Ese toque personal es lo que hace que alguien coja una vela, y lo que hace que la conserve.
La creamos para un estudio de yoga: una vela para encender al empezar la clase o para el momento de calma del final. Elegimos nuestro aceite aromático After the Storm. Es fresco y limpio, como el aire que entra cuando por fin abres la ventana después de una semana larga y gris. Nos pareció un nuevo comienzo, así que también encajaba a la perfección con el año nuevo.
Paso 1: primero la historia, después el nombre
Antes de coger un pincel, nos preguntamos: ¿a qué momento de una clase de yoga pertenece este aroma? La respuesta fue el principio de todo, esa primera respiración profunda, como abrir una ventana al aire frío y limpio.
Ese momento nos dio el punto de partida, pero queríamos un nombre que abarcara toda la práctica, desde la primera respiración hasta el saludo final. Así que elegimos la palabra con la que termina cada clase: Namaste.
Consejo: encuentra primero el momento y después el nombre. Un nombre que cuenta una pequeña historia gana a uno que solo describe el aroma.

Paso 2: pinta la sensación, no el objeto
No intentamos pintar una ventana ni una nube. Pintamos el ambiente. Arriba, un verde intenso y brumoso para el aire pesado y húmedo, que se difumina hacia abajo en una zona pálida, casi vacía, donde el cielo se despeja.
Cuando estuvo completamente seco, lo escaneamos en alta resolución para que se apreciaran la textura del papel y los bordes irregulares. Esa textura es la mitad de su encanto, así que no la retoques demasiado.
Paso 3: diseña una etiqueta que deje respirar la pintura
Con el escaneo listo, primero revisamos los colores. Si el escaneo no queda del todo bien, no te preocupes: siempre puedes corregir el color después. Intensifica el verde, calienta el tono del papel o dale más luz al conjunto hasta que se parezca a lo que tenías en mente. Después montamos la etiqueta. Nos limitamos a cuatro elementos, nada más:
- La acuarela, grande, arriba. Es la que más habla.
- El nombre, en mayúsculas altas y elegantes justo debajo. Una sola línea de texto con fuerza.
- Dos ingredientes principales, pequeños y sencillos, abajo a la izquierda.
- El peso, 200 g, abajo a la derecha, para equilibrar.
Nos quedamos con dos tipografías: una serif clásica para el nombre y una tipografía limpia y sencilla para los pequeños detalles. Con más de dos, enseguida parece recargado.
Consejo: imprime la etiqueta a tamaño real y pégala en el vaso antes de darla por buena. Lo que en pantalla parece perfecto puede quedar abarrotado en una vela de verdad.
Te toca: hazla tuya
Lo mejor de una etiqueta pintada a mano es que nadie puede copiarla. Tu mano, tus pinceladas, tu historia. No hace falta ser artista: solo tienes que empezar.
